46 AÑOS DE UNA HISTORIA LLENA DE ÉXITOS
Miércoles 26 de Mayo de 2010 12:07    Imprimir Correo electrónico
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Noticias - Institucionales

En los torneos ecuatorianos de fútbol que comenzaron a disputarse desde 1957 era usual verificar que los equipos participantes, se esmeraron por reforzarse con futbolistas extranjeros, algunos de los cuales no justificaron su contratación, pero aquello no era óbice para dejar más maltrechas y gastadas las arcas de sus confiados e ilusionados patronos.

camp2005
Campeonato 2005


Aquella modalidad tan en boga, aún en nuestros días, restó posibilidades de trabajar a los futbolistas ecuatorianos o simplemente los condenó a vivir marginados del equipo titular y como sus actuaciones no tuvieron la continuidad requerida, nuestros jugadores no alcanzaron la jerarquía ni el nivel técnico que se precisa para que un país progrese en el campo futbolístico.


Considerándose testigos de esa triste realidad, un valioso grupo de oficiales del Ejército concibió la idea de planificar la creación de un equipo de fútbol integrado única y exclusivamente por jugadores ecuatorianos, con la manifiesta intención de rescatar del ostracismo a nuestros obreros del fútbol y demostrar a la afición deportiva del país que los elementos nativos, sabia y técnicamente formados, orientados por una organización directriz, honesta y responsable, favorecidos profesionalmente con el beneficio de una verdadera y funcional infraestructura deportiva podrían desarrollar y exteriorizar sus aptitudes físicas en diferentes disciplinas deportivas, particularmente el fútbol.


Quienes tuvieron la feliz iniciativa de propugnar la creación de un equipo de fútbol pensaron que este debía ser poderoso y competitivo, aún cuando sus jugadores fueran novatos y desconocidos en el campo profesional.


Jóvenes provenientes de diferentes sectores de la Patria, especialmente de Esmeraldas, fueron reclutados y puestos en observación con la finalidad de seleccionar a quienes debían integrar el equipo que se pretendía estructurar. Pero faltaba el hombre visionario, el maestro que hiciera el justo escogimiento de sus pupilos, el verdadero forjador de jugadores, aquel que acoplara pacientemente y dirigiera con inteligencia el grupo.

Después de hacer un detallado análisis de la historia profesional de varios entrenadores sudamericanos, se decidió contratar los servicios del catalogado director técnico paraguayo José María Ocampo. Su hoja de vida era realmente interesante: cuando jugador fue el obligado integrante de la selección de su país, militó en los mejores equipos guaraníes, reforzó en calidad de extranjero al Boca Juniors de Cali, nada menos que en la época de oro del fútbol colombiano, sus exquisitas virtudes balompédicas se hicieron sentir en las retaguardias de los equipos en los equipos que defendía: era aplomado, insuperable en el juego aéreo, se anticipaba a la jugada, inteligente y oportuno en la salida, tenía don de mando, era, en definitiva, el “Mariscal” del área.


Sus méritos, como entrenador, seguían en vigencia: había dirigido exitosamente varios elencos de su país; Director Técnico de Liga Deportiva Universitaria de Quito, equipo en el que sus jugadores y la afición deportiva ecuatoriana, particularmente, la quiteña supieron apreciar las enseñanzas del maestro, la visión del estratega, su calidad humana y la simpatías que siempre irradiaba.

El “Mariscal” Ocampo vino con su gran bagaje de experiencia y con la firme decisión de triunfar, por lo que aceptó el reto de formar y dirigir un equipo bisoño que, coincidencialmente, luego se llamaría “Mariscal Sucre”, la ex-Selección del Ejército.

Sin embargo, para que recorriera el país en busca de jugadores necesitaba de la compañía de un ecuatoriano que conociera de fútbol. La persona que reunía esos requisitos era el inolvidable Jorge “Peludo” Alcázar, un infatigable descubridor de talentos, responsable y metódico en su trabajo, leal con equipo y honesto consigo mismo; las generaciones pasadas lo recordarán siempre.

Las amplias instalaciones de las unidades militares: Eplicachima, Mariscal Sucre y el Colegio Militar eran testigos del diario entrenamiento y la responsable preparación de decenas de jóvenes, quienes al mando del profesor Ocampo y la colaboración de Jorge Alcázar y Ernesto Tacuri, querían mostrar todos sus progresos futbolísticos, ocasión que se les presentaría en 1962 participando en el torneo de segunda división, en el que se ubicaron en tercer puesto. Pero, el siguiente año, el “Mariscal Sucre” desarrolló una campaña realmente fabulosa, coronándose como campeón invicto.

En 1964, como premio a esos triunfos obtenidos fue aceptado en el profesionalismo e inscrito legalmente por la Asociación de Fútbol No Amateur de Pichincha, con el nombre de Club Deportivo “El Nacional”. La razón para determinar ese nombre diferenciarlo de similares que existen en otros países como Uruguay y Colombia.

Ya con la categoría de equipo profesional, la directiva presidida por el Coronel Enrique Navarrete Vásconez se preocupó en buscar mecanismos para satisfacer el financiamiento del equipo. Los mismos miembros de las Fuerzas Armadas fueron quienes se constituyeron en el aval económico que debía sostener al plantel, para ello se dedujeron mensualmente de sus haberes un rubro proporcional que fue en beneficio del club.

Con seguridad la afición deportiva del país miraba con escepticismo e indiferencia la aparición del equipo de los “puros criollos” en el campo profesional; su condición de tener jugadores novatos y no admitir refuerzos extranjeros, quizá lo hicieron aparecer como un participante sin ninguna posibilidad de éxito. Pero, cuán equivocados estaban los que así habían pensado.

En el año 1964, en el inicio de su participación en el balompié rentado, el éxito le resultó ser el más fiel y confidente compañero: conquistó el subcampeonato del fútbol nacional. El plantel lo conformaron: el Doctor Clemente Rodríguez, su capitán y uno de los pocos profesionales experimentados, Gonzalo Benavides, Francisco Ruales, Ramiro Araujo, Mario Bautista, Marcelo Salazar, Marcelo Cabezas, Walter Gudiño, Fernando Maldonado, Horacio Prado, Guillermo Yagual, Atilio Alcívar, Ricardo Reyes Cassis, Enrique Villacís, Arturo Alvarado y Rómulo Salas.

Sus directivos, cuerpo técnico y jugadores habrían de sentirse más que satisfechos; no consiguieron el título, pero se adueñaron de una sólida base de sustentación que en el futuro los catapultaría al encuentro de la gloria y de la fama; y es más, conquistaron para su club la gran simpatía de toda una afición.

Sin embargo, para demostrar que el título de subcampeón, tan tempranamente conseguido, no era producto de la casualidad, en 1967 dejó perpleja a la afición ecuatoriana cuando, después de meritoria campaña, fue el primer equipo quiteño que hizo suyo un torneo nacional con la participación de los equipos guayaquileños. ¡Y apenas tenía 3 años de vida!

El cable internacional difundió de inmediato aquella sorpresiva noticia, la afición sudamericana recién conocería las peculiaridades y más detalles del nuevo e indiscutible monarca ecuatoriano.

En 1972 nuevamente se coronó subcampeón, desplazándole de esta dignidad a Barcelona Sporting Club, cuando en vibrante partido logró empatarle en su propio feudo.

El siguiente año, nuevamente le correspondió medir fuerzas con el equipo “canario”, esta vez en el Estadio “Alejandro Serrano Aguilar” de la ciudad de Cuenca, en un partido cuyo resultado determinaba el próximo rival de la Universidad Católica, para definir el título de 1973.

El Nacional fuera de su casa y frente al mismo Barcelona, obtuvo un resultado favorable y luego en la ciudad de Quito, a expensas del cuadro “católico” se adjudicó la segunda estrella dorada que grabaría indeleblemente en su ya glorioso emblema.

En 1974 otra vez fue segundo y posteriormente, logró lo que ningún equipo ecuatoriano había conquistado: el “Tricampeonato” del fútbol nacional en 1976, 1977, 1978. Y como si aquello fuera poco, repitió la hazaña en 1982, 1983 y 1984.

Un año después, en 1985 el equipo de los puros criollos se ubicaría  en tercer lugar en el principal torneo futbolístico del continente: “La Copa Libertadores de América”. Trascurría el año 1986 y para no dejar esa buena costumbre, la “Máquina Gris” añadía a su rico historial deportivo la novena corona de nuestro fútbol profesional.

Pero la época de triunfos y satisfacciones no quedaría ahí, el protagonismo y calidad de todas las generaciones de jugadores criollos le han permitido seguir cosechando más y más triunfos, así en 1992, 1996, 2005 clausura y 2006 fue nuevamente campeón y en los años 1994, 1999, 2000 y 2001 obtuvo el título de subcampeón nacional.

13 estrellas doradas y 7 plateadas obtenidas en tan poco tiempo lo han convertido en un equipo privilegiado, porque si los triunfos son producto del tiempo, “El Nacional”, en cambio, ha sido producto de los triunfos.

 


Ultima actualización ( Miércoles 26 de Mayo de 2010 12:14 )